domingo, 5 de febrero de 2012

DE PERROS, PIEDRAS Y CATETOS

Con la que está cayendo, y lo que queda por caer, causa sonrojo algunas veces leer las noticias. Mientras la nómina, de los que la tienen, claro, se queda congelada y mengua como un viejo jersey de lana en agua caliente, algunos dirigentes se ocupan en cosas realmente curiosas. Les pongo tres ejemplos bochornosos.
La primera imagen la da una especie de monstruo entre andamios, que parece ser una estatua que se está construyendo en el entorno del aeropuerto fantasma de Castellón. Según cuentan, se trata de una obra de bronce inspirada en el impulsor del aeropuerto, de nombre Carlos Fabra y alcanzará los 25 metros de altura. La broma nos va a costar en dinero público, 300.000 euros. Eso sin mencionar el dispendio global de coste de ese llamado aeropuerto, en el que hay de todo, por lo que se ve, incluso halcones, al módico precio de más de 400.000 euros. Eso sí, lo que no hay, son aviones.
La segunda imagen es la de una pareja sonriente saludando al público, sentados en un Ferrari descapotable, imagen de hace no mucho tiempo y que ha reaparecido estos días, para recordarnos que la felicidad no la da un coche de lujo, ni unos trajes bien hechos; si me apuran, ni un bolso de marca. La pareja en cuestión, Camps y Barberá, seguramente no pasarán a la historia como dirigentes ejemplares pero, al menos, habrán podido pasear en un coche en el que lo importante no era disfrutar la conducción, sino su exhibición ante el pueblo llano para recibir loas y palmas. Lo malo es que esas palmas y loas van a tener que pagarlas, durante una larga temporada, entre todos los valencianos. Y, encima, hemos podido comprobar que esos trajes ya no le sientan tan bien.
La tercera noticia es reciente. En un lugar del norte, de nombre Pola de Siero, cercano a Oviedo, la nueva Ordenanza Municipal, establece que los perros han de pasear por el lado exterior de las aceras y alejados de los muros y paredes. Si no fuese porque consumiría espacio, se lo volvería a escribir, para que volviesen a leerlo y se lo llegasen a creer. Eso hice yo, leerlo dos veces. Pero no se preocupen, se trata de una decisión fundada; de acuerdo con la Ordenanza, los perros no orinarán en los muros o paredes; seguramente se trata de un serio problema del municipio, problema que no alcanzamos a visualizar los que no tenemos la suerte de vivir allí, o no tenemos perro. Desconozco si alguno de los impulsores de la norma ha sufrido consecuencias graves debidas al orín de uno o varios perros. Si logro averiguarlo, les aseguro que se lo contaré.
Mañana ustedes y yo seguiremos teniendo los mismos problemas cotidianos, pero podemos estar seguros que habrá algún lugar en que algunas sesudas personas, como las protagonistas de estas noticias, estarán velando por nuestros intereses.

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